lunes, junio 01, 2009

..."Me abandona a mi locura

como a la vera de una mujer que se ama”.
Aún no entiendo cómo tantas personas han terminado casándose y jurando amores eternos después de haberse conocido por una cámara web. Tal vez ahí sí se explica uno muy bien el cuento de las difrencia en las generaciones, este mundo líquido, difuso, como dice el fantástico Bauman. Las cámaras web son lo más frío y distante, puedes decir las mentiras más grandes del mundo, y si además tienes la imagen para ayudarte... Bueno, no sé, tal vez es porque me dedico por completo a escribir mentiras sobre el teclado, puede ser. Pero lo que sí no puedes disimular es la emoción inmensa cuando llevas muchos años sin ver a alguien y ahí está su imagen de nuevo, por esa cámara web, a veces difusa, con problemas de audio, pero que logra ponerte en frente ese rostro que así haya cambiado muchísimo, también evidencia que tus recuerdos siguen indelebles, tal vez la mirada que recordabas, algo en la sonrisa que no desapareció de la memoria. Eso me pasó contigo hace unos meses cuando te vi, después de… Esta vez no voy a contar los años, muchos, simplemente eso. Un amigo me había encontrado buscándome en Google, y pensé, ¿no lo encontraré? La última vez que supe de vos te habías ganado una beca para estudiar diseño de joyas en Florencia, sabía muy bien, lo supe desde siempre que eras una artista con mayúsculas, y claro, ahí estabas, un blog con tu trabajo, una página donde anunciaban tus joyas. http://elfidesign.blogspot.com/
¡Por Dios!, si ya eras un artista cuando yo era una infeliz adolescente que se acercaba al arte porque le encantaba el programa de Marta Traba en la tele, vos ya habías sobrepasado todas mis expectativas. Te envié un mensaje y esperé, pero ni sombra tuya, luego me fui a tú página, pensé que era imposible que no llegara al correo de información sobre tu trabajo, puse un nuevo mensaje y minutos más tardes llamabas desde Italia. Una larga hora te escuché sin poder creer que te tenía al otro lado de la línea. Hasta ese día supe que tenías una compañera en Bellas Artes que se llamaba igual a mí, ¿eres mi compañera de la Escuela o fuiste la novia chiquita que tuve? La novia, te respondí, cómo me iba a olvidar de vos, si creo que soy la única boluda que la noche antes de salir de viaje de excursión de último año de bachillerato se ennovió. Muy en la playa y con toda la juerga enfrente, yo no hice otra cosa que suspirar pensando en cuando te volviera a ver el siguiente sábado, en la misma discoteca donde nos habíamos conocido, porque apenas si te llevaste el teléfono y no sabía aún si recordabas cómo llegar a casa porque la noche que nos conocimos nos habíamos despedido en la madrugada y en la puerta cuando yo tenía que entrar directo a bañarme y salir corriendo para Cartagena, la Cartagena de Colombia, no la de España.
Los días pasaron y volvimos a hablar por la cámara hasta que por fin tenía una fecha exacta para reencontrarnos, destino Valencia-Pisa, de ahí Arezzo y luego Monte San Savino… Y esta nueva coincidencia: inquebrantable, poco a poco comencé a recordar tus expresiones, todo lo que me encantó de vos cuando era una adolescente, la sensibilidad por la belleza, tus sueños, la forma como renegabas, y ahí estabas, idéntico, pero con canas, muchos años después y con esa maravillosa mujer que te acompaña, te adora y con la que podrías simplemente comenzar una frase, que ella luego completa con toda su dulzura.
Lo han llamado el Síndrome de Stendhal, porque fue el primero en describirlo, dicen que ataca a los turistas y sobre todo a las mujeres que viajan solas y no pueden dominar sus sentimientos ante la belleza que descubren en cada esquina de Italia, pero así se llegara con advertencia y prescripciones, no sería fácil escabullírsele al tremendo, pero embelesador virus que remueve todo tu cuerpo y tu alma al estar frente a la perfección.
No sólo ha sido entonces caminar por las callejuelas de Arezzo, cerrar los ojos y recordar a Juliette Binoche casi danzando en una cuerda mientras mira los frescos de Piero de la Francesca, sentarme en el café donde se filmó La vida es bella, avanzar buscando una placa y de pronto encontrarme con la imponente y tantas veces admirada columna de Trajano, tocar el agua de la Fontana de Trevi y sonreír por la majestuosidad de Fellini, tomar el metro, subir unas escaleras y en el último escalón voltear la mirada y encontrar Cinecitta, llorar sin vergüenza frente al Nacimiento de Venus y la Primavera, casi desmayar ante el Juicio Final, la Pietá, el David, respirar hondo para tocar la ancestral piedra del Coliseo; Gargonza, los trenes de ida y vuelta, el pasillo de los Ufizzi, el carrusel antiguo, las plazas, las callecitas, las estaciones de Monte San Savino y Arezzo, Siena, los tres y Elfo, sentados en la plaza, el sol, el vino, la pasta, los trozos de pan, sonreír y carcajearse, Florencia y Roma; mi corazón en verdad no creo que hubiera podido soportar Venecia y su Plaza de San Marcos o el Puente de los Suspiros, tendrá que ser en otra vuelta, en otros años, ojalá cercanos, para regresar a su hogar, a ese lugar donde se respira la ternura, el cariño que comienza con Elfo pidiéndote un saludo, con Veronique que dice Coucou y te invita a un café, y sigue con vos, para compartir un cigarro mientras se habla un poco de los años que han pasado y del mundo que has construido lejos de casa, ese nido donde entre el español, el francés y el italiano, todo se entiende porque el lenguaje es el más universal, el del amor. Por eso más que una crónica de viaje, tiene un poco más de toda la melancolía que me ha dejado este maravilloso reencuentro y lo que pretende es agradecer inmensamente con estas pocas palabras el conocer lo que tantas veces había imaginado, aunque todavía no recupere el aliento por todo el esplendor que ustedes dos me han compartido en esta travesía.

2 comentarios:

Fabio Arango dijo...

Ok! ESTE AÑO TODOS DOS POR UN MOMENTO SOMOS ESTADO UN COMETA JUGANDO CON LA BRISA, Y YO CON LOS OJOS LLENOS DE EMOCION OBSERVO EL VAIVEN DEL VIENTO Y EL SU COLORIDO REVISTOS DESPUES DE TANTO TIEMPO, ESTIMULANDO RECUERDOS, MARAVILLA COMO LA AURORA QUE REFRESCA LA PIEL DI UN PASADO.

Tomás Corredor dijo...

Y como en un guión, nos llevas a leer tu pasado conjugado en presente para que la vida como en una proyección, nos haga odiar el punto a parte, que en este caso, es como cuando se prende la luz.
Gracias.

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Me declaro culpable: De querer ser narradora interminable. De querer ir al cine de tres, seis, nueve. De enamorarme siempre hasta los tuétanos. De pasarme el día entero hilvanando y escribiendo historias que no sé quién podrá leer. De mi adicción por comprar libros, música y películas. Y también me declaro culpable por tener en la entrada de mi casa dos maletas de viaje listas, una para el invierno y otra para el verano que me esperan en cualquier lugar.

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