martes, octubre 24, 2006

Si nos hubieran mentido...

Lo intenté, juro que lo intenté. Ahora lo recuerdo todo, ahora lo sé, Norma Jean es Marilyn, Marilyn soy yo. Setenta y tres, setenta y tres años después. ¿Quién borró casi cuarenta años de mi memoria?, ¿quién me encerró en este lugar? ¿Dónde estás Gladys? Me has dejado sola como esa mañana que me está martillando los recuerdos. No me dejes mami, no te vayas mami. ¡No llores!, me dijo. Te compré una muñeca, pero no es tan bella como tu. Ven con papá, ven te acuno para que duermas en tu sofá de terciopelo azul, mi muñequita. ¿Por qué te fuiste Gladys?Seis de agosto de 1962, adiós. Todos han muerto, hasta Joe, mi Joe y cada una de sus rosas rojas en mi tumba. ¿Por qué siento la vida acercándose, cuando todo lo que quiero es morir? ¿Por qué tengo que seguir viviendo para sentir que por sólo pedirles amor, ellos murieron. ¿Yo los maté? Lo sé, hice hasta lo imposible para llamar la atención, pero juro que en verdad quise ser una mujer como cualquier otra; como mis vecinas, como una de esas mujercitas que se quedaban toda la tarde en el parque mirando a sus hijos jugar y parecía como si no les preocupara nada. Seguramente alguna vez se miraron al espejo queriendo ser como yo. Soñaron con arrancarme a pedazos mi vida, ¡mi vida!, ¿alguna vez tuve vida? Ponte el disfraz. ¿Cuál? ¿El de la actriz que iba a clases con Lee?, ¿el que me regaló mamá?, ¿el que fabricó John, el de Joseph, el de Billy? ¿Cuál me quedaba mejor Norman? No te llamé porque no pensaba morir, tú lo dijiste: La muerte ya estaba detrás de mi cuando compraron mi angustia por unos pocos centavos. Ellas, ellas siempre pensaron en mí como en una enemiga, una puta, la p-u-t-a enemiga. Nunca imaginaron que lo hubiera cambiado todo por ser Rose, Betty, Louise, una común y corriente, tener hijos, esperarlo en casa, en mi casa. Pero finalmente nunca tuve nada. Quería ser su muñeca. ¿De quién?, de uno de ellos, al menos uno que hubiera logrado mirarme como su mujer y no como una máquina de producir orgasmos en hombres y mujeres, la máquina de follar. Cuando Bukowsky escribió ese cuento, debió pensar que mi cara era la perfecta para su maldita muñeca. Quise tener amigos, amigas, pero no, para todos era una amenaza; la más bella amenaza. ¿Por qué no funcionó mi Jimmy, ¿me querías en la jaulita de cristal?; Joe, mi amado Joe, mi bateador Yankee; Arthur, inteligente Arthur, dramaturgo Arthur, yo la bella y tú, el más grande dueño de la palabra; Frankie, mi gran voz, tampoco estás ya; John y Robert; esa historia de Cenicienta que ni yo misma me creí. ¿Por qué no funcionó? También hice lo inimaginable para vivir totalmente anónima, pero no lo logré. De todas maneras, hace mucho tiempo no soy lo que yo misma diseñé. Ben, ¿por qué te fuiste tan rápido? Me fabricaron: "eres la muñeca irrompible, intocable, perfecta y de porcelana pura". Querían agarrar mi mejor tajada, como si me pudieran trozar, así como rasgaron mis vestidos, me resquebrajaron el alma. ¿Y ahora cómo recojo estos pedazos? ¿Quién le va a creer a esta mujer que fue el maniquí rubio de labios rojos, con piel de vainilla y leche fresca? ¿Cuerpo?: encorvado y fofo, manos regordetas que tiemblan enfermas, piernas cansadas que ya no me pueden sostener sin ayuda y ¿mi rostro?, se quedó buscando los recuerdos que ellos me prestaron y luego me robaron. Me desaparecieron. ¿Quién me desapareció? La vida sigue acercándose, cuando todo lo que quiero es morir. Marilyn murió, pero Norma sigue aquí, ahora sí somos iguales Gladys, las dos estamos encerradas, atadas. Joe ya no vendrá a derrumbar este lugar ladrillo a ladrillo. Dame tus anfetas mamá, porque no encuentro mis tranquilizantes. Bórralo todo nuevamente, no quiero recordar. No quiero ser Norma Jean, no quiero ser Marilyn. ¡No quiero ser! ¿Por qué no me quedé estacionada en mi tranquilo olvido? Seis de agosto de 1962, seis de agosto de 1999, adiós, goodbye, adiós. ¿De qué me sirven estos retazos de vida prestada? Ya quiero descansar. Nunca existió libro de ningún color. Era mentira, como toda yo; yo: la mentira. Ahora sí lo voy a lograr. No quiero que la vida se me acerque, cuando todo lo que quiero es morir. 1999.

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Me declaro culpable: De querer ser narradora interminable. De querer ir al cine de tres, seis, nueve. De enamorarme siempre hasta los tuétanos. De pasarme el día entero hilvanando y escribiendo historias que no sé quién podrá leer. De mi adicción por comprar libros, música y películas. Y también me declaro culpable por tener en la entrada de mi casa dos maletas de viaje listas, una para el invierno y otra para el verano que me esperan en cualquier lugar.

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