Adusto Rojas y Circunstancia Flores viven hace más de diez años en el ancianato “El remanso del Ermitaño multicolor”. Allí se conocieron y allí se enamoraron ante las miradas estupefactas de sus compañeros y de los enfermeros del lugar, quienes por ningún motivo pudieron detener el amor senil que nació en el par de viudos que apenas se encontraron, le dieron permisos a la sinrazón y al amor.
A los pies cansados que habitan el hogar donde en cada rincón se suman demasiados siglos y melancolías, ya ni siquiera les importa el escándalo que propiciaron las primeras madrugadas en que Adusto y Circunstancia no consintieron que les separaran la cama doble que armaron, juntando las dos angostas literas que se empeñaban en separarlos.
Ahora sólo los recuerdan por la otra locura a la que le dieron rienda suelta mientras se pasaban largas y enteras tardes mirando el desaforado vuelo de los Ermitaños multicolores y todos sus miles de familiares que llegaban a las acacias, a los mieleros y borracheros para danzar y volar de un lado a otro, de izquierda a derecha y de arriba abajo, sin guía ni aparente motivo.
Adusto y Circunstancia se pasaban las horas mirando a todas las especies de colibríes que llegaban a su remanso y parecían siempre en fiesta o en un conciliábulo que los viejos no podían entender. Por eso decidieron que con mirarlos no bastaba. “No podemos seguir aquí alelados y acechándolos, vieja, tenemos que primero clasificarlos y luego…” ¿Y luego, qué? Mi amado Adusto, le dijo Circunstancia, con su cara más acontecida. “Pues luego los podremos organizar de alguna forma, vieja, les podemos, no sé… ¡Ya, pero cómo no se me había ocurrido antes! Les enseñamos yoga para que se relajen un poco, ¿no te parece que son como demasiado nerviosos?”, le dijo muy serio y apropiado de sus ideas el viejo Adusto.
Los meses transcurrieron y nadie entendía qué era lo que tanto anotaban el par de viejos en unos cuadernos más ancianos que ellos dos juntos. Cuando reunieron a los otros abuelos para comunicarles los avances de su gran investigación, los longevos negaban con la cabeza alegando que habían perdido el tiempo en boberías, ellos preferían el dominó, las cartas y el ajedrez, una observación de tal envergadura necesitaba de muchos desocupados y ellos no estaban para destrozar el poco tiempo que les quedaba en asuntos tan poco divertidos. Adusto y Circunstancia sólo arquearon sus pesados hombros, se tomaron de la mano y continuaron solos su ardua indagación. No se lo dijeron a nadie, pero ya habían logrado establecer que los Ermitaños, no sólo eran muy cercanos familiares de los Picos y los Alas de sable, sino que los Mangos, Sables y Tucusitos, viajaban siempre acompañados de Coquetas, Zafiros, Diamantes, Topacios, Esmeraldas cubanas y dominicanas, Amazilias, Chivitos y Chispitas, que por lo general son llamados solamente: Picaflores.
El problema lo conocieron fue en el momento en que intentaron enseñarle a esta cantidad de géneros, las clases a las que eran sometidos semanalmente para respirar, relajarse, comer adecuadamente, pensar positivo y meditar. Con una gran cantidad de borracheros hicieron un sembradío para fijar la atención de las especies revoloteadoras, pero fue imposible, la gran mayoría se hastiaron rápidamente y huyeron buscando los naranjales de la otra huerta que no estaba al alcance de Adusto ni de Circunstancia. Algunas especies se quedaron acompañando a los viejos en su gran gesta, pero más porque ya disfrutaban tanto de mantener borrachos, que se volvieron hasta adictos al beleño. Los ancianos no se dieron por vencidos y persuadieron a Ramtés, su profesor de yoga, para que agregara a las posturas básicas sobre la cabeza, los hombros, la de arado, la del pez, la de la cobra y el cuervo, la que ellos habían bautizado como Postura del Ermitaño multicolor. El profesor los miró un poco extrañado, pero cuando comprobó que los colibríes yogui acudían cada tarde apenas eran convocados por sus nombres y con la palabra “OM”, decidió hacerle caso a la pareja de viejos por su esmerada labor, aunque sabía muy bien que no necesitaba de muchas Torsiones espinales ni de Pinzas verticales, para comprender que los “nuevos yogui” habían encontrado su Prana en el néctar de dioses y de embelesos que los viejos habían inventado para ellos.


1 comentarios:
Hola "azulquitapenas " este relato tuyo hizo sangrar nuevamente una herida que aun despues de 5 años no cierra,
¿ Te felicito por el relato!
saludos cordiales
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